29.10.08

Un paseo por las afueras de Ica

El centro de la ciudad de Ica es un infierno, nadie lo va a negar. Pero en las afueras, en este caso por donde se encontraba la Cooperativa San José (hoy convertida en una asociación de vivienda) la vida todavía discurre apacible, aún en las zonas ya plenamente urbanizadas. (Esas casitas de una planta con su jardincito en frente, sin rejas, ni muros, me hacen recordar a mi infancia en la Lima de los 60.) Después del terremoto de agosto del año pasado, se han asignado y trazado en una pampa seca y dura (y que alguna vez fue tierra de sembríos) nuevos lotes para futuras casas, y que permanecen en el limbo perfecto de los no-lugares. Algunas pocas casitas ya han sido levantadas (como la de mi amiga Consuelo, con la que se abre y cierra esta serie), otras están a medio construir, las más apenas lucen una marca de propiedad... Unos cuantos cientos metros más allá empiezan las chacras y los viñedos y los campos abandonados con sus palmeras, mangos, pacaes y ocasionales huarangos que se extienden a lo largo de la ribera derecha del Río Ica. En el camino pasamos por una encantadora casita de campo que había sido el hogar de una pareja de viejitos, que milagrosamente sobrevivieron el terremoto, pero tuvieron que abandonar su casita. Lo que hallé en su interior me conmovió hasta los huesos... todas esas cosas que deja la gente al abandonar apuradamente una casa. (Especialmente simbólica la imágen del Señor de Luren, que es el Señor del Subsuelo y de los Terremotos, y todos los demás santitos, impacibles al lado de una calata.) 
Fue un tarde dorada, como suelen ser las tardes de Ica, con esta luz extraordinaria, única en el mundo, que es lo que me seduce por sobre todas las cosas...









































2 comentarios:

david79 dijo...

la del hombre y el arbol, no se como ke tiene eso ke se llama el...como lo llamaba cartier bresson?

david79 dijo...

la veo de nuevo , es como si el arbol fuese un gigante ke va a aplastar al hombre.